miércoles, 6 de mayo de 2015

Hombre y niño




           Llevaba años trabajando en una oficina pública, entre papeles y papeles. Tantos que, al mirarlo de frente, uno se preguntaba: ¿Aquello era la cara de un hombre?

           Un día, un niño se le acercó y le dijo:

—¿Has visto que tienes la cara de papel?

El hombre lo miró con ojos de honda y profunda tristeza.

Lentamente, alzó una de sus manos hasta su rostro.

Con el pulgar y el índice palpó la punta de su nariz.

Todos oyeron crujir su cara cuando, desde allí, la arrugó para hacer una pequeña pelota que arrojó por los aires hasta encestarla en una papelera.

El niño se acercó a ella, tomó un lápiz de la mesa cercana, buscó y desarrugó la cara.

De inmediato le dibujó unos ojos bien abiertos, una nariz y una boca con una enorme sonrisa agradecida.

El hombre tomó su nuevo rostro, se lo colocó y dijo:

—Muchas gracias.

Como ya era la hora de salida, como todos, fueron hasta la puerta, bajaron las escaleras y salieron a la calle.

Sin hablarse en el trayecto, al llegar a la esquina, se despidieron con un “hasta mañana”. Y se dieron un apretón de mano, como cuando se sella un trato.

            Se separaron. El hombre tomó por la Gran Avenida, el niño calle abajo

Cada uno, por su lado, se fue silbando una canción bonita.

            En tanto, en el viejo cine de aquel barrio, se proyectaba por enésima vez “Tiempos Modernos” de Charles Chaplin.        

Texto: Armando Quintero, versión nueva de un cuento viejo.
Ilustración: imagen de Charles Chaplin tomada de Google.
 

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